Desde hace un par de semanas nos han empapado de rugby y más que nada con Los Pumas, nuestra selección, que, algo raro en ese deporte y no sólo en nuestro país, no es tan conocida por su nombre propio (Argentina), sino por su apodo. Lamentablemente, la gente se ha sumido como manada en este exitismo de victorias y progreso. Al comienzo me alegraba saber que en un deporte donde a nivel país somos menospreciados –tan es así que no nos incluyen en torneos competitivos por considerarnos un escalón por debajo al resto-, hayamos dado el batacazo de ganarles a los locales, potencia en el rugby, y luego clasificarnos primeros del grupo para llegar tan lejos como nunca antes. Sin embargo, lo que detesto de todo el asunto es que ahora todo el mundo habla de rugby, los medios lo cubren a cada rato y la gente que hace un mes no tenía ni idea lo que quería decir “drop”, “scrum”, “line” o simplemente “trie”, ahora discute como el mejor profesional.
A mí particularmente no me interesa demasiado el rugby, aunque de chico tenía cierta simpatía por el deporte y llegué a jugarlo un verano. Pero ese no es el punto. No pasa por saber o no saber o jugar o no jugar, mientras se tenga la suficiente humildad, en ambos casos. El problema es que este exitismo es una moda, y como tal, cuando se termine el Mundial, todo quedará en el olvido. A la gente en realidad no le interesa el rugby, o, al menos, no a la mayoría que ahora se prende con este deporte, sino que más bien quieren gloria, triunfos y victorias y ver a la Argentina en lo más alto del podio. Si esto les resulta familiar, es porque ya vivimos la fiebre básquet de la mano de Ginóbili y cía, y con el tenis, con Coria y Gaudio, más que nada.
Mucha gente que hoy se alegra y se pone a ver partidos sin saber bien que está viendo, volverá a su vida normal y apenas si va a recordar como una anécdota lo que pasó entre septiembre y octubre del 2007, al menos, hasta que algún otro atleta criollo vuelva a tener éxito. Ojala fuera solo problema de nuestro país, pero mas bien es un problema social que no distingue banderas. En España hace un tiempo a nadie le interesaba demasiado la Fórmula 1, sino que preferían el rally, donde Carlos Sainz fue leyenda, y desde que Fernando Alonso se convirtió en campeón mundial –por duplicado-, ahora todos son fans de él y de aquél deporte. Me pregunto yo: el día que Song Liu, un chino nacionalizado argentino, gane un mundial, nos haremos fanáticos del ping pong??