Los domingos hacen que me den ganas de no hacer nada y tirarme en la cama o en un sillón a ver la tele o a escuchar música.
Ver lo que no fue hace que me den ganas de saber lo que pudo haber sido.
Las vacaciones hacen que me den ganas de irme a la playa o a la montaña.
Las estupideces que se hablan por televisión hacen que me den ganas de irme a vivir sólo en medio de las montañas, con no más que una cabaña, un equipo de música y un labrador.
La mirada penetrante y cautivadora de una mujer hacen que me den ganas de detener el tiempo.
Ver a amigos y conocidos llevarse bien con sus hermanos/as hacen que me den ganas de tener uno/a. Lo opuesto hacen que me den ganas de agradecer el hecho de ser hijo único.
Recordar momentos del viaje a Italia con amigos hacen que me den ganas de regresar en el tiempo a revivir aquella época.
Leer o ver por la tele sobre lugares tan distantes hacen que me den ganas de viajar.
Las injusticias que se producen casi cotidianamente en la facu hacen que me den ganas de pegar el grito en el cielo y tirar todo a la mierda.
Ver gente menos que uno llegar tan lejos hace que me den ganas de seguir adelante.