El enfoque no resiste demasiada rigurosidad. Un partido así, cargado de tensión, pleno de emoción, se merecía tanto despliegue, tanto sacrificio. Las fuerzas flaquearon sólo en el instante final. Hasta la última gota de sudor quedó en el campo del Coloso del Parque. No habrá sido el partido ideal desde la estética. No habrá tenido un prolongado vuelo colectivo ni grandes lucimientos individuales. Pero fue el encuentro perfecto desde el sentimiento porque se trató del partido del corazón, ni más ni menos. Newell's y Central no jugaron bien, pero su entrega fue absoluta y no se sacaron ventajas: igualaron 0 a 0, por la primera rueda de la Copa Sudamericana.
Ahora la verdad sólo se sabrá el 29 del actual, cuando se jugará el desquite en el Gigante de Arroyito. El vencedor se medirá con Internacional o San Pablo (el partido de ida termino 2-1), ambos de Brasil, por la segunda etapa.
Ni la mente más fría pudo abstraerse del clima incandescente. Newell's y Central miraron a sus costados y fueron un manojo de nervios. Sobre todo los locales, que en las dos primeras jugadas reaccionaron con dos violentas infracciones. La primera de Manso, que derribó a Ferrari. La segunda de Spolli, que frenó con un planchazo en la garganta al mismo lateral de Central.
En el aspecto estrictamente futbolístico es en donde se encontró la mayor flaqueza del partido, vaya detalle, ya que no hubo demasiado brillo. Todo fue un cúmulo de intenciones dominados por el fervor. Se corrió mucho, pero no casi no se usó la cabeza. Rosario Central tuvo la pelota durante más tiempo y mostro criterio en la distribución; sobre todo con las proyecciones de Ferrari y Moreira por los costados. Pero, a la vez, cometió algunas distracciones en la última línea y el uruguayo Silva estuvo a punto de abrir el marcador con una media vuelta. Fassi respondió para los visitantes con un potente remate que salió apenas desviado.
La aceleración pocas veces bajó el ritmo. El ir y venir resultó incesante, abrumador, digno de un partido de tal calibre, aunque careció de claridad y buen juego. En medio del vértigo, los dos convivieron siempre con la posibilidad del error y caminaron por una delgada línea.
Al menos al comienzo, Newell's no encontró el fútbol esperado a partir de la sociedad que formaron Manso y Ortega. Tampoco apareció Belluschi. Así, Silva pareció cada vez más aislado en la ofensiva.
Sin ser arrollador, la imagen de Central se fortaleció con el transcurso de los minutos. La presencia de Villa se volvió cada vez más inquietante. Y el delantero tuvo la situación más clara cerca del final de la primera etapa, cuando su cabezazo salió muy cerca del palo derecho, tras un centro de Rivarola.
Los movimientos se volvieron cada vez más estudiados. A medida que se acercó el final se tomaron más recaudos y el desarrollo se volvió entrecortado. Fue, quizás, el único momento en el que la razón se impuso a la pasión. Ya en los minutos finales, Newell's y Central abandonaron su causa y se conformaron con el reparto. Ahora el final ofrece varios puntos suspensivos. Como siempre que de clásicos se habla.

2 comentarios:
Un par de reflexiones:
1. Como la ligó Ferrari, loco. Esa patada de karate de Spolli, casi lo mata.
2. Mire nada más que 10 minutos del partida y, francamente, casi me quedo dormido, así que lo cambié. Mis expectativas ( y calculo que la de todos los demás) eran otras, un mejor juego, más fricciones, algún expulsado, un resultado que ajustara el partido del 29 (recordemos que el gol de visitante vale doble), y cosas por el estilo.
Bueno, nada más que decir. Veremos que pasa en el próximo partido, del que tiene que salir un ganador sí o sí.
aguante nob hasta la muerte carajooo!!!
tu hermanita...
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